
domingo 5 de julio de 2009
Vivir hoy nuestra espiritualidad desde el camino ignaciano

jueves 28 de mayo de 2009
Solucionado el problema del servidor II
Estimados, ahora pueden descargar las vigilias y otros materiales, lamentablemente el servidor que utilizo normalmente no admite archivos de esos tamaños y eso provocaba que se bloqueará los demás archivos. Pero ya todo esta corregido. Disculpen las molestias.
Feliz Pentecostes
PAZ Y BIEN...

martes 26 de mayo de 2009
Problemas con el servidor
Mañana estará solucionado el problema que había para bajar la vigilia de Pentecostes "Pablo, el Espíritu en nuestros corazones" y la de "Manos Unidas"
disculpen las molestias
PAZ Y BIEN...

viernes 22 de mayo de 2009
Especial de la Iglesia Chilena para la Semana de la Unidad de los Cristianos
del 24 al 30 de Mayo se celebra la semana de oración por la unidad de los cristianos.
aqui les dejo el enlace del especial de la Iglesia Chilena con mucho material como:
- fichas para el trabajo en los grupos eclesiales.
- lectio divina
- canciones ecumenicas
- enlaces
- logo
- oracion por la unidad
- reflexiones

Especial del día del Catequista
ir al sitio

Especial de recursos de la Iglesia Chilena para Pentecostes
- ¿qué es Pentecostes?
- Vida en el Espíritu
- Pentecostes en la Biblia
- recursos para niños
- vigilia y música
- actividades y celebraciones
PAZ Y BIEN...

Ascensión del Señor
Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.
Habiendo dicho esto, mientras ellos lo miraban, fue llevado a las alturas hasta que una nube lo ocultó de su vista.
Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se alejaba. De repente, se les acercaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
–Galileos, ¿qué hacen aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse.
La Ascensión del Señor parece que nos invita a mirar al cielo, arriba. El Señor resucitado se ha ido. Dejó solos a los apóstoles. Da la impresión de que ya para siempre, los creyentes, los seguidores de Jesús, deben permanecer así: mirando al cielo. Es como si hoy celebrásemos la despedida final, el último adiós a Jesús. Si la muerte no le separó del todo de nosotros porque a los tres días celebramos la resurrección, ahora sí, a los cuarenta días, el adiós es de verdad. El grupo de los discípulos queda sólo y abandonado, en lo alto de un monte.
Estaré siempre con vosotros
Pero no es así. Nada de eso. El Evangelio termina con una afirmación contundente de Jesús: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. No dice “estaréis conmigo en el cielo” sino “yo estoy con vosotros”. Está con nosotros aquí abajo. Siempre. No es tiempo, pues de sentirse desolados, abandonados, tristes ni cabizbajos. No es tiempo de quedarse mirando al cielo como el que se ha quedado compuesto y sin novia.
Es tiempo de bajar, de volver la vista a la vida, de andar los caminos, de ser testigos, de ir y hacer discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Él camina con nosotros. Él no nos deja de su mano. Él se hará presente en nuestras vidas por el Espíritu Santo que nos enviará.
Estaban comiendo juntos
Esa presencia tiene momentos en que se siente especialmente cercana. No puede ser un detalle casual el que el autor de los Hechos de los Apóstoles sitúe la escena de la ascensión de Jesús en el marco de una comida. Así comienza: “Una vez que comían juntos...”.
Las comidas son muy importantes en el Evangelio. Recordemos las comidas de Jesús con los pecadores, las multiplicaciones de los panes, las bodas de Caná. Recordemos el momento solemne de la última cena, los encuentros de los discípulos con Jesús resucitado en el lago, cuando los esperaba a la orilla con un pez sobre las brasas, y a los dos de Emaús que lo reconocieron “al partir el pan”.
Estas comidas son todas ellas eucaristías, celebraciones de la fraternidad del Reino, del encuentro con el Padre que crea una relación nueva entre los que participan en ellas. La Eucaristía ha quedado para la comunidad de los creyentes como el momento culminante de experimentar esa presencia de Jesús en nuestra vida.
Anunciar el Reino: vivir a Dios como Padre
Hoy, veinte siglos más tarde, es en la Eucaristía donde podremos experimentar la fuerza del Espíritu que nos haga comprender la esperanza a la que estamos llamados, la riqueza de gloria que se nos ofrece en herencia y la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros. Hay que leer y releer la lectura de los Efesios de este domingo. En ella está la clave de lo que somos, de lo que significa el paso de Jesús por nuestras vidas. Aquellos pescadores quedaron convertidos en apóstoles. Y los que no veían más allá de sus redes llenas de agujeros predicaron el mensaje de la esperanza y la vida, del amor de Dios por todos los rincones del mundo conocido.
Bajaron del monte y salieron por los caminos a predicar el Reino, a invitar a todos a conocer a Jesús, a hacer que los que se encontrasen con ellos experimentasen el amor de Dios y se sintiesen como lo que son: hijos e hijas de Dios. Los discípulos bajaron del monte y se mezclaron en el río de la vida con los hombres y mujeres de su tiempo para compartir con ellos “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias”, como nos ha recordado la Constitución Pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. Así el Reino se va haciendo vida y realidad en nuestro mundo.

Octavario 2009 por la unidad de los Cristianos

miércoles 20 de mayo de 2009
martes 19 de mayo de 2009
jueves 14 de mayo de 2009
Ven Fuego Santo

Ven Espíritu Santo
¡Ven, Espíritu Santo!
Por tu Espíritu de piedad filial, dame el sentido de la verdadera oración.
Jesús Hijo de Dios, Salvador, ten piedad de mí, pecador.
"Sin el Espíritu Santo, Dios queda lejos,
Cristo queda en el pasado,
el Evangelio se transforma en letra muerta,
la Iglesia una sencilla organización,
la misión una simple propaganda,
la autoridad una dominación,
el culto una evocación,
y el actuar cristiano una moral de esclavos.
Pero por Él, el cosmos está elevado
y gime en el alumbramiento del Reino;
Cristo resucitado está allí,
el Evangelio es un poder de vida.
La Iglesia significa la comunión trinitaria,
la autoridad un servicio liberador,
la misión es un Pentecostés,
la litugia es memorial y anticipo,
el actuar humano, es deificado"

miércoles 13 de mayo de 2009
Imágenes de los dones del Espíritu Santo

La Fiesta de Pentecostés
Los judíos celebraban una fiesta para dar gracias por las cosechas, 50 días después de la pascua. De ahí viene el nombre de Pentecostés. Luego, el sentido de la celebración cambió por el dar gracias por la Ley entregada a Moisés. En esta fiesta recordaban el día en que Moisés subió al Monte Sinaí y recibió las tablas de la Ley y le enseñó al pueblo de Israel lo que Dios quería de ellos. Celebraban así, la alianza del Antiguo Testamento que el pueblo estableció con Dios: ellos se comprometieron a vivir según sus mandamientos y Dios se comprometió a estar con ellos siempre. La gente venía de muchos lugares al Templo de Jerusalén, a celebrar la fiesta de Pentecostés. En el marco de esta fiesta judía es donde surge nuestra fiesta cristiana de Pentecostés.
La Promesa del Espíritu Santo
Durante la Última Cena, Jesús les promete a sus apóstoles: “Mi Padre os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre: el espíritu de Verdad” (San Juan 14, 16-17). Más adelante les dice: “Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése les enseñará todo y traerá a la memoria todo lo que yo les he dicho.” (San Juan 14, 25-26). Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa: “Les conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el Abogado,... muchas cosas tengo todavía que decirles, pero no se las diré ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de Verdad, os guiará hasta la verdad completa,... y os comunicará las cosas que están por venir” (San Juan 16, 7-14). En el calendario del Año Litúrgico, después de la fiesta de la Ascensión, a los cincuenta días de la Resurrección de Jesús, celebramos la fiesta de Pentecostés.
Explicación de la fiesta:
Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos. Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas. En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban. Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal.
El Espíritu Santo es Dios, es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia nos enseña que el Espíritu Santo es el amor que existe entre el Padre y el Hijo. Este amor es tan grande y tan perfecto que forma una tercera persona. El Espíritu Santo llena nuestras almas en el Bautismo y después, de manera perfecta, en la Confirmación. Con el amor divino de Dios dentro de nosotros, somos capaces de amar a Dios y al prójimo. El Espíritu Santo nos ayuda a cumplir nuestro compromiso de vida con Jesús.
Señales del Espíritu Santo:
El viento, el fuego, la paloma. Estos símbolos nos revelan los poderes que el Espíritu Santo nos da: El viento es una fuerza invisible pero real. Así es el Espíritu Santo. El fuego es un elemento que limpia. Por ejemplo, se prende fuego al terreno para quitarle las malas hierbas y poder sembrar buenas semillas. En los laboratorios médicos para purificar a los instrumentos se les prende fuego. El Espíritu Santo es una fuerza invisible y poderosa que habita en nosotros y nos purifica de nuestro egoísmo para dejar paso al amor.
Nombres del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo ha recibido varios nombres a lo largo del nuevo Testamento: el Espíritu de verdad, el Abogado, el Paráclito, el Consolador, el Santificador.
Misión del Espíritu Santo:
El Espíritu Santo es santificador: Para que el Espíritu Santo logre cumplir con su función, necesitamos entregarnos totalmente a Él y dejarnos conducir dócilmente por sus inspiraciones para que pueda perfeccionarnos y crecer todos los días en la santidad.
El Espíritu Santo nos lleva a la verdad plena, nos fortalece para que podamos ser testigos del Señor, nos muestra la maravillosa riqueza del mensaje cristiano, nos llena de amor, de paz, de gozo, de fe y de creciente esperanza.
Desde la fundación de la Iglesia el día de Pentecostés, el Espíritu Santo es quien la construye, anima y santifica, le da vida y unidad y la enriquece con sus dones. El Espíritu Santo sigue trabajando en la Iglesia de muchas maneras distintas, inspirando, motivando e impulsando a los cristianos, en forma individual o como Iglesia entera, al proclamar la Buena Nueva de Jesús. Por ejemplo, puede inspirar al Papa a dar un mensaje importante a la humanidad; inspirar al obispo de una diócesis para promover un apostolado; etc. El Espíritu Santo asiste especialmente al representante de Cristo en la Tierra, el Papa, para que guíe rectamente a la Iglesia y cumpla su labor de pastor del rebaño de Jesucristo. El Espíritu Santo construye, santifica y da vida y unidad a la Iglesia. El Espíritu Santo tiene el poder de animarnos y santificarnos y lograr en nosotros actos que, por nosotros, no realizaríamos. Esto lo hace a través de sus siete dones.
Los siete dones del Espíritu Santo:
Estos dones son regalos de Dios y sólo con nuestro esfuerzo no podemos hacer que crezcan o se desarrollen. Necesitan de la acción directa del Espíritu Santo para poder actuar con ellos.
Ven Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles y enciende
en ellos el fuego de tu amor;
envía Señor tu Espíritu Creador y se renovará la faz de la tierra.
OH Dios, que quisiste ilustrar los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que, guiados por este mismo Espíritu, obremos rectamente y gocemos de tu consuelo.
Por Jesucristo, nuestro Señor Amén.

martes 12 de mayo de 2009
Tarjetas con los dones del Espíritu

Imágenes de Pentecostés.

Cancionero para Pentecostes























