sábado 17 de octubre de 2009

Mensaje para el Domingo Universal de las Misiones

“Las naciones caminarán en su luz” (Ap 21, 24)

En este domingo dedicado a las misiones, me dirijo ante todo a vosotros, Hermanos en el ministerio episcopal y sacerdotal, y también a vosotros, hermanos y hermanas de todo el Pueblo de Dios, para exhortar a cada uno a reavivar en sí mismo la conciencia del mandato misionero de Cristo de hacer “discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,19), siguiendo los pasos de San Pablo, el Apóstol de las Gentes.

“Las naciones caminarán a su luz” (Ap 21,24). Objetivo de la misión de la Iglesia es, en efecto, iluminar con la luz del Evangelio a todos los pueblos en su camino histórico hacia Dios, para que en Él tengan su realización plena y su cumplimiento. Debemos sentir el ansia y la pasión por iluminar a todos los pueblos con la luz de Cristo, que brilla en el rostro de la Iglesia, para que todos se reúnan en la única familia humana, bajo la paternidad amorosa de Dios.

En esta perspectiva los discípulos de Cristo dispersos por todo el mundo trabajan, se esfuerzan, gimen bajo el peso de los sufrimientos y donan la vida. Reafirmo con fuerza lo que ha sido varias veces dicho por mis venerados predecesores: la Iglesia no actúa para extender su poder o afirmar su dominio, sino para llevar a todos a Cristo, salvación del mundo. Nosotros no pedimos sino el ponernos al servicio de la humanidad, especialmente de aquella más sufriente y marginada, porque creemos que “el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo... es sin duda alguna un servicio que se presta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad” (Evangelii nuntiandi, 1), la cual “está conociendo grandes conquistas, pero parece haber perdido el sentido de las realidades últimas y de la misma existencia” (Redemptoris missio, 2).

1. Todos los pueblos, llamados a la salvación

La humanidad entera tiene la vocación radical de regresar a su fuente, que es Dios, el único en quien encontrará su realización final mediante la restauración de todas las cosas en Cristo. La dispersión, la multiplicidad, el conflicto, la enemistad serán repacificadas y reconciliadas mediante la sangre de la Cruz, y reconducidas a la unidad.

El nuevo inicio ya comenzó con la resurrección y exaltación de Cristo, que atrae a sí todas las cosas, las renueva, las hace partícipes del eterno gozo de Dios. El futuro de la nueva creación brilla ya en nuestro mundo y enciende, aunque en medio de contradicciones y sufrimientos, la esperanza de una vida nueva. La misión de la Iglesia es la de “contagiar” de esperanza a todos los pueblos. Para esto Cristo llama, justifica, santifica y envía a sus discípulos a anunciar el Reino de Dios, para que todas las naciones lleguen a ser Pueblo de Dios. Solo dentro de dicha misión se comprende y autentifica el verdadero camino histórico de la humanidad. La misión universal debe convertirse en una constante fundamental de la vida de la Iglesia. Anunciar el Evangelio debe ser para nosotros, como lo fue para el apóstol Pablo, un compromiso impostergable y primario.

2. Iglesia peregrina

La Iglesia universal, sin confines y sin fronteras, se siente responsable del anuncio del Evangelio ante pueblos enteros (cf. Evangelii nuntiandi, 53). Ella, germen de esperanza por vocación, debe continuar el servicio de Cristo al mundo. Su misión y su servicio no son a la medida de las necesidades materiales o incluso espirituales que se agotan en el cuadro de la existencia temporal, sino de una salvación trascendente, que se actúa en el Reino de Dios (cf. Evangelii nuntiandi, 27). Este Reino, aun siendo en su plenitud escatológico y no de este mundo (cf. Jn 18,36), es también en este mundo y en su historia fuerza de justicia, de paz, de verdadera libertad y de respeto de la dignidad de cada hombre. La Iglesia busca transformar el mundo con la proclamación del Evangelio del amor, “que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar... y así llevar la luz de Dios al mundo” (Deus caritas est, 39). Es a esta misión y servicio al que, con este Mensaje, llamo a participar a todos los miembros e instituciones de la Iglesia.

3. “Missio ad gentes”

De este modo, la misión de la Iglesia es la de llamar a todos los pueblos a la salvación operada por Dios a través de su Hijo encarnado. Es necesario por lo tanto renovar el compromiso de anunciar el Evangelio, que es fermento de libertad y de progreso, de fraternidad, de unidad y de paz (cf. Ad gentes, 8). Deseo “confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia” (Evangelii nuntiandi, 14), tarea y misión que los amplios y profundos cambios de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Está en cuestión la salvación eterna de las personas, el fin y la realización misma de la historia humana y del universo. Animados e inspirados por el Apóstol de las Gentes, debemos ser conscientes de que Dios tiene un pueblo numeroso en todas las ciudades recorridas también por los apóstoles de hoy (cf. Hch 18,10). En efecto, “la promesa es para todos aquellos que son lejanos, para cuantos llamará el Señor nuestro Dios” (Hch 2,39).

La Iglesia entera debe comprometerse en la missio ad gentes, hasta que la soberanía salvadora de Cristo no se realice plenamente: “Al presente no vemos que todas las cosas estén sometidas a Él” (Hb 2,8).

4. Llamados a evangelizar también mediante el martirio

En esta Jornada dedicada a las misiones, recuerdo en la oración a quienes han hecho de su vida una exclusiva consagración al trabajo de evangelización. Una mención particular es para aquellas Iglesias locales y para aquellos misioneros y misioneras que se encuentran testimoniando y difundiendo el Reino de Dios en situaciones de persecución, con formas de opresión que van desde la discriminación social hasta la cárcel, la tortura y la muerte. No son pocos quienes actualmente son llevados a la muerte por causa de su “Nombre”. Es aún de una actualidad tremenda lo que escribía mi venerado predecesor, el Papa Juan Pablo II: “La memoria jubilar nos ha abierto un panorama sorprendente, mostrándonos nuestro tiempo particularmente rico en testigos que, de una manera u otra, han sabido vivir el Evangelio en situaciones de hostilidad y persecución, a menudo hasta dar su propia sangre como prueba suprema” (Novo millennio ineunte, 41).

La participación en la misión de Cristo, en efecto, marca también la vida de los anunciadores del Evangelio, para quienes está reservado el mismo destino de su Maestro. “Acordaos de la palabra que os he dicho: el siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros” (Jn 15,20). La Iglesia sigue el mismo camino y sufre la misma suerte de Cristo, porque no actúa según una lógica humana o contando con las razones de la fuerza, sino siguiendo la vía de la Cruz y haciéndose, en obediencia filial al Padre, testigo y compañera de viaje de esta humanidad.

A las Iglesias antiguas como a las de reciente fundación les recuerdo que han sido colocadas por el Señor como sal de la tierra y luz del mundo, llamadas a difundir a Cristo, Luz de las gentes, hasta los extremos confines de la tierra. La missio ad gentes debe constituir la prioridad de sus planes pastorales.

A las Obras Misionales Pontificias dirijo mi agradecimiento y mi aliento por el indispensable trabajo de animación, formación misionera y ayuda económica que aseguran a las jóvenes Iglesias. A través de estas instituciones pontificias se realiza en modo admirable la comunión entre las Iglesias, con el intercambio de dones, en la solicitud mutua y en la común proyección misionera.

5. Conclusión

El empuje misionero ha sido siempre signo de vitalidad de nuestras Iglesias (cf. Redemptoris missio, 2). Es necesario, sin embargo, reafirmar que la evangelización es obra del Espíritu y que, incluso antes de ser acción, es testimonio e irradiación de la luz de Cristo (cf. Redemptoris missio, 26) por parte de la Iglesia local, que envía sus misioneros y misioneras para ir más allá de sus fronteras. Pido por lo tanto a todos los católicos que recen al Espíritu Santo para que aumente en la Iglesia la pasión por la misión de difundir el Reino de Dios, y que sostengan a los misioneros, las misioneras y las comunidades cristianas comprometidas en primera línea en esta misión, a veces en ambientes hostiles de persecución.

Al mismo tiempo, invito a todos a dar un signo creíble de comunión entre las Iglesias, con una ayuda económica, especialmente en la fase de crisis que está atravesando la humanidad, para colocar a las Iglesias locales en condición de iluminar a las gentes con el Evangelio de la caridad.

Nos guíe en nuestra acción misionera la Virgen María, Estrella de la Nueva Evangelización, que ha dado al mundo a Cristo, puesto como luz de las gentes, para que lleve la salvación “hasta los extremos de la tierra” (Hch 13,47).

A todos mi Bendición.

Benedicto XVI, Vaticano 29 de junio de 2009

Fuente: Ciudadredonda.org


PAZ Y BIEN...



viernes 16 de octubre de 2009

Rebelate contra la pobreza...

por Fundación PROCLADE

articulo extraído de ciudadredonda.org
15 de octubre de 2009

La falta de voluntad política queda demostrada hoy más que nunca, cuando todos los esfuerzos realizados para acabar con la pobreza se ven amenazados por una crisis internacional. Los elevados precios de los alimentos, el escaso ni­vel de educación, el alto coste de los medicamentos, la precariedad del acceso a la salud, y la inminente reducción de la ayuda convierten en más vulnerables a quienes viven en la pobreza. Estamos ante un contexto de crisis INTEGRAL, cuya solución no pasa por planteamientos económicos sino sistémicos.


Las promesas de la comunidad internacional siguen sobre el papel, pero esto no sirve más: Una promesa no alimenta, no cura, no protege. ¡Rebélate contra la Pobreza!.

(JPG)
Una promesa no alimenta

50.000 personas mueren diariamente como consecuencia de su extrema pobre­za, y la distancia entre pobres y ricos sigue creciendo. Tenemos la capacidad de cambiar esta realidad y de hacerlo en el plazo fijado. El año pasado fuimos, cientos de miles de personas en toda España, y 116 millones de personas en todo el mundo. Está en tus manos que éste seamos muchos más los que nos unamos a esta lucha. Somos la primera generación capaz de acabar con la pobreza, por eso las más de mil organizaciones que formamos parte de la Alianza Española contra la Pobreza volveremos a salir a la calle para exigir a los gobernantes que cumplan con su compromiso y nos muestren más hechos y menos palabras?.

Necesitamos tu apoyo para seguir presionando, más que nunca en este año de retrocesos intolerables. Por eso solicitamos tu presencia en la manifestación que tendrá lugar en tu localidad en la semana de la lucha internacional para la erradicación de la pobreza.

En la página web www.pobrezacero.org podéis encontrar el manifiesto de la campaña junto con 10 propuestas de acción que podemos asumir cada uno de nosotros. Del mismo modo puedes acceder a la web http://www.rebelatecontralapobreza.org/




PAZ Y BIEN...


Dios no juzga a nadie

fuente: Ciudadredonda.org

Hay una pregunta sobre la bondad de Dios tan vieja como la religión misma: ¿Cómo puede un Dios que es todo bondad enviar a alguien al infierno para toda la eternidad? ¿Cómo puede Dios ser todo misericordia y cariño, si existe el castigo eterno?

En realidad, se trata de una pregunta falsa. Dios no envía a nadie al infierno y Dios tampoco sentencia castigo eterno. Dios nos ofrece vida, y la elección de si la aceptamos o no depende de nosotros

Jesús nos dice que Dios no juzga a nadie. Somos nosotros quienes nos juzgamos a nosotros mismos. Dios no crea el infierno ni envía a nadie a él. Pero esto no significa que el infierno no exista y que sea una posibilidad para nosotros. He aquí, fundamentalmente, cómo explica Jesús esto:

Dios envía su vida al mundo y nosotros podemos elegir esa vida o rechazarla. Nosotros nos estamos juzgando a nosotros mismos al hacer esa elección. Si elegimos vida, estamos eligiendo finalmente el cielo. Si rechazamos la vida, acabamos viviendo fuera de la vida y eso finalmente es infierno. Pero somos nosotros quienes hacemos esa opción; Dios no nos envía a ninguna parte. Además, el infierno no es un castigo definitivo creado por Dios para hacernos sufrir. El infierno es la ausencia de algo, a saber, la ausencia o en no-vivir dentro de la vida que se nos ofrece.

Afirmar todo esto no es decir que el infierno no sea real o que no sea una posibilidad real para cada persona. El infierno es real, pero no es un castigo definitivo creado por Dios para imponer justicia o venganza, o para demostrar a los insensibles e impenitentes que se equivocaron, que cometieron un error. El infierno es la ausencia de vida, de amor, de perdón, de comunidad, pero Dios no envía allá a nadie. Podemos acabar allí, fuera del amor y de la comunidad, pero somos nosotros los que elegimos, si culpablemente rechazamos esos valores cuando se nos ofrecen a lo largo de nuestra vida. El infierno, como dijo una vez John Shea, no es nunca una sorpresa que espere a una persona feliz; es el pleno florecer de una vida que rechaza el amor, el perdón, y la comunidad.

El filósofo francés Jean Paul Sartre dijo una vez, con frase célebre, que el infierno es “el otro”. Lo que es cierto es justamente lo contrario. El infierno es lo que experimentamos cuando nos elegimos a nosotros mismos por delante de la comunidad de vida con otros. Se supone que la vida humana es vida compartida, existencia compartida, participación al interior de una comunidad de vida que incluye a la Trinidad misma.

Dios es amor, nos dice la Escritura, y los que permanecen en el amor, moran en Dios, y Dios mora en ellos. En este contexto, el amor no habría de entenderse sobre todo como amor romántico. El texto no dice que “los que se enamoran” son los que moran en Dios (aunque eso puede suceder también). Fundamentalmente, tenemos que formular el texto de otra manera, para que venga a decir: “Dios es existencia compartida, y los que comparten vida con otros ya viven dentro de la vida de Dios”. Pero lo opuesto también es cierto: Cuando no compartimos nuestras vidas, acabamos fuera de la vida. Eso, fundamentalmente, es el infierno.

¿Qué es -en qué consiste- el infierno? Las imágenes elegidas por la Biblia para “describirnos” el infierno son arbitrarias y varían mucho. La mente popular tiende a imaginar al infierno como fuego, fuego eterno, pero eso es sólo una imagen, y no necesariamente la dominante en la Escritura. Entre otras cosas la Escritura habla del infierno como un “experimentar la cólera de Dios”, un “estar fuera” de la boda y de la danza, como un “llorar y rechinar de dientes”, como un estar destinado a la Gehena (un famoso basurero a las afueras de Jerusalén), como un ser devorado por gusanos, como fuego, como un faltar y perderse el banquete, como un estar fuera del Reino, como un vivir dentro de un corazón amargado y pervertido, y como un estar perdiéndose la vida. Al fin, todas estas imágenes convergen en el mismo punto: El infierno es el dolor y la amargura, el fuego, que experimentamos cuando culpablemente nos situamos fuera de la comunidad de vida. Y es siempre auto-infligido. Nunca viene impuesto por Dios. Dios no reparte muerte; ni envía a nadie al infierno.

Cuando Jesús habla de Dios, nunca afirma que Dios otorgue ambas cosas: vida y muerte, sino que Dios ofrece sólo vida. La muerte tiene su origen en alguna otra parte, como lo tienen la mentira, la racionalización, la amargura, la dureza del corazón y el infierno. Decir que Dios no crea el infierno o que no envía a nadie allá no resta importancia a la existencia del mal y del pecado o al peligro del castigo eterno; sólo precisa con exactitud sus orígenes y deja claro quién es el que juzga y quién es el que dicta sentencia. Dios no hace ninguna de las dos cosas. Ni crea el infierno ni envía a nadie a él. Nosotros somos quienes hacemos ambas cosas.

Como nos dice Jesús en el Evangelio de San Juan. “Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él. El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado por no creer en el Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: Que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz… Yo no juzgo a nadie”.

Dios no lo necesita.


PAZ Y BIEN...

martes 14 de julio de 2009

¿Qué es la espiritualidad ignaciana?

¿Qué es la Espiritualidad Ignaciana?

1° Hay muchas maneras de expresar lo que se entiende por Espiritualidad. Nosotros lo entendemos como «el encuentro del espíritu humano con el Espíritu de Dios, de modo que Dios hace Su propuesta, y la persona humana responde al proyecto de Dios».

2° Ignacio se encontró con Dios en un momento crucial de su vida: cuando sintió en su E cuerpo herido el fracaso de sus ambiciones humanas. A partir de entonces fue captando la llamada de Dios –fue «discerniendo» Su propuesta– y le respondió en forma gradual y progresiva, pero total y radical.

3° La experiencia de «conversión» a Dios la fue viviendo durante varios años, y la escribió Ignacio en un libro que se llama «Ejercicios Espirituales» que, según su mismo autor, es 'Iodo lo mejor que en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo, como para poder fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos».

4° Los rasgos principales de la espiritualidad que se deriva de los Ejercicios Espirituales ti los podemos sintetizar en los siguientes puntos:
  • Búsqueda apasionada de la voluntad de Dios.
  • Capacidad para saber discernir los «signos de Dios".
  • Actitud de querer siempre celo más y mejor" en el servicio a Dios.
  • Simpatía y sintonía con todo lo creado y humano.
  • Libertad interior y disponibilidad al servicio del Reino.
  • Conocimiento, valoración y amor personal a Jesucristo.
  • integración entre contemplación y acción: “en todo amar y servir"
  • Amor y obediencia a la Iglesia real.
  • Armonización entre el servicio a la fe y la promoción de la justicia
  • Cultivo de las virtudes y devociones sólidas.
5° La espiritualidad Ignaciana tiene una clara orientación hacia el apostolado. Inspirada en la invitación de Cristo a colaborar con Él en la construcción del Reino de Dios, la persona que vive dicha espiritualidad experimenta una fuerte inclinación a poner todos sus talentos al servicio de la evangelización. Esto supone que tiene muy claro el fin que le propone Dios, y que sabe relativizar todas las cosas como medios para lograr el fin.
6° La vivencia de dicha espiritualidad se alimenta y se canaliza a través de un triple canal: Oración, Formación y Acción. La oración y la acción se integran en la famosa fórmula de «contemplación en la acción». La formación de la persona es permanente, intensa y orientada hacia la maduración cristiana del apóstol: no se estudia para saber no más, sino para servir mejor.
7° Ese ideal de vida supone y exige del cristiano una gran dosis de libertad interior, que Ignacio llama «indiferencia», pero que es la disposición interior necesaria para poder vivir el planteamiento evangélico de «Busquen, ante todo, el Reino y la Justicia de Dios, y todo lo demás se les dará por añadidura» (Mt. 6,33).

8° El logro de esa libertad interior es fruto de un proceso de formación humana y cristiana en el que confluye el cultivo personal de dicha facultad con la experiencia espiritual personal que hace que uno descubra en Jesús «el gran valor de su vida». De ahí que se diga con toda propiedad que el Cristocentrismo es una nota característica de quien comparte la espiritualidad ignaciana.

fuente: jesuitas del paraguay

PAZ Y BIEN...


viernes 10 de julio de 2009

Discurso del Padre General a los laicos en Chile


El año 2006 el Padre General visito Chile y dío una conferencia a los laicos, este documento es un resumen de aquella charla, extraída de la pagina de cvx chile.




PAZ Y BIEN...


Pausa Diaria Ignaciana: el Examén

Una de las caracteristicas principales de la espiritualidad ignaciana es la del discernimiento de la voluntad de Dios en la vida.
Uno de los elementos para realizarla es la pausa o examen diario.
aquí les dejo un pequeño articulo sobre qué es la pausa y como hacerla.


PAZ Y BIEN...


domingo 5 de julio de 2009

Vivir hoy nuestra espiritualidad desde el camino ignaciano


Un documento del jesuita Carlos Vazquez, sobre como vivir hoy nuestra espiritualidad desde el camino ignaciano. Una pequeña guía de como vivir hoy la espiritualidad ignaciana.




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viernes 22 de mayo de 2009

Especial de la Iglesia Chilena para la Semana de la Unidad de los Cristianos


del 24 al 30 de Mayo se celebra la semana de oración por la unidad de los cristianos.

aqui les dejo el enlace del especial de la Iglesia Chilena con mucho material como:



  • fichas para el trabajo en los grupos eclesiales.
  • lectio divina
  • canciones ecumenicas
  • enlaces
  • logo
  • oracion por la unidad
  • reflexiones

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Especial del día del Catequista


Desde la Iglesia Chilena un pequeño sitio con material para celebrar y trabajar el día del catequista.

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Especial de recursos de la Iglesia Chilena para Pentecostes



acceder al Especial de la Iglesia Chilena para celebrar Pentecostes:

  • ¿qué es Pentecostes?
  • Vida en el Espíritu
  • Pentecostes en la Biblia
  • recursos para niños
  • vigilia y música
  • actividades y celebraciones






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Ascensión del Señor

Pero cuando venga el Espíritu Santo sobre ustedes, recibirán poder y serán mis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra.
Habiendo dicho esto, mientras ellos lo miraban, fue llevado a las alturas hasta que una nube lo ocultó de su vista.
Ellos se quedaron mirando fijamente al cielo mientras él se alejaba. De repente, se les acercaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
–Galileos, ¿qué hacen aquí mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre ustedes al cielo, vendrá otra vez de la misma manera que lo han visto irse.

(Hechos 1, 8 - 11)


¿Subir o bajar? ¿Arriba o abajo?

La Ascensión del Señor parece que nos invita a mirar al cielo, arriba. El Señor resucitado se ha ido. Dejó solos a los apóstoles. Da la impresión de que ya para siempre, los creyentes, los seguidores de Jesús, deben permanecer así: mirando al cielo. Es como si hoy celebrásemos la despedida final, el último adiós a Jesús. Si la muerte no le separó del todo de nosotros porque a los tres días celebramos la resurrección, ahora sí, a los cuarenta días, el adiós es de verdad. El grupo de los discípulos queda sólo y abandonado, en lo alto de un monte.

Estaré siempre con vosotros
Pero no es así. Nada de eso. El Evangelio termina con una afirmación contundente de Jesús: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”. No dice “estaréis conmigo en el cielo” sino “yo estoy con vosotros”. Está con nosotros aquí abajo. Siempre. No es tiempo, pues de sentirse desolados, abandonados, tristes ni cabizbajos. No es tiempo de quedarse mirando al cielo como el que se ha quedado compuesto y sin novia.
Es tiempo de bajar, de volver la vista a la vida, de andar los caminos, de ser testigos, de ir y hacer discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Él camina con nosotros. Él no nos deja de su mano. Él se hará presente en nuestras vidas por el Espíritu Santo que nos enviará.

Estaban comiendo juntos
Esa presencia tiene momentos en que se siente especialmente cercana. No puede ser un detalle casual el que el autor de los Hechos de los Apóstoles sitúe la escena de la ascensión de Jesús en el marco de una comida. Así comienza: “Una vez que comían juntos...”.
Las comidas son muy importantes en el Evangelio. Recordemos las comidas de Jesús con los pecadores, las multiplicaciones de los panes, las bodas de Caná. Recordemos el momento solemne de la última cena, los encuentros de los discípulos con Jesús resucitado en el lago, cuando los esperaba a la orilla con un pez sobre las brasas, y a los dos de Emaús que lo reconocieron “al partir el pan”.
Estas comidas son todas ellas eucaristías, celebraciones de la fraternidad del Reino, del encuentro con el Padre que crea una relación nueva entre los que participan en ellas. La Eucaristía ha quedado para la comunidad de los creyentes como el momento culminante de experimentar esa presencia de Jesús en nuestra vida.

Anunciar el Reino: vivir a Dios como Padre
Hoy, veinte siglos más tarde, es en la Eucaristía donde podremos experimentar la fuerza del Espíritu que nos haga comprender la esperanza a la que estamos llamados, la riqueza de gloria que se nos ofrece en herencia y la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros. Hay que leer y releer la lectura de los Efesios de este domingo. En ella está la clave de lo que somos, de lo que significa el paso de Jesús por nuestras vidas. Aquellos pescadores quedaron convertidos en apóstoles. Y los que no veían más allá de sus redes llenas de agujeros predicaron el mensaje de la esperanza y la vida, del amor de Dios por todos los rincones del mundo conocido.
Bajaron del monte y salieron por los caminos a predicar el Reino, a invitar a todos a conocer a Jesús, a hacer que los que se encontrasen con ellos experimentasen el amor de Dios y se sintiesen como lo que son: hijos e hijas de Dios. Los discípulos bajaron del monte y se mezclaron en el río de la vida con los hombres y mujeres de su tiempo para compartir con ellos “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias”, como nos ha recordado la Constitución Pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. Así el Reino se va haciendo vida y realidad en nuestro mundo.

Fernando Torres, cmf



Imágenes Ecumenicas






















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Octavario 2009 por la unidad de los Cristianos


Desde el Conferencia Mundial de Iglesias he extraído este material para que puedan aplicar esta hermosa tradición que une a todos los cristianos en oración para pedir el don de la unidad.

En Chile se reza los 8 días antes de Pentecostes, en Europa el octavario se rezó entre la solemnidad de San Pablo y de la Catedran de San Pedro




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miércoles 20 de mayo de 2009

Presentaciones en PPT para Pentecostes





PAZ Y BIEN...


Vigilia de Pentecostes 2009 (claretianos)



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martes 19 de mayo de 2009

Vigilia de Oración 2009 "Combatir el hambre proyecto de todos"





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Vigilia de Pentecostes 2009 "Pablo, el Espíritu en nuestros Corazones"






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jueves 14 de mayo de 2009

Abiertos al Espíritu Santo



Ven Fuego Santo

Hermosa canción de las Misioneras de Cristo Resucitado sobre el Espíritu Santo. Hay programas que permiten bajar los videos de youtube puede servir mucho para la proyección en algunas de la vigilias.




Ven Espíritu Santo



¡Ven, Espíritu Santo!
Por tu Espíritu de piedad filial, dame el sentido de la verdadera oración.

Jesús Hijo de Dios, Salvador, ten piedad de mí, pecador.

"Sin el Espíritu Santo, Dios queda lejos,
Cristo queda en el pasado,
el Evangelio se transforma en letra muerta,
la Iglesia una sencilla organización,
la misión una simple propaganda,
la autoridad una dominación,
el culto una evocación,
y el actuar cristiano una moral de esclavos.

Pero por Él, el cosmos está elevado
y gime en el alumbramiento del Reino;
Cristo resucitado está allí,
el Evangelio es un poder de vida.
La Iglesia significa la comunión trinitaria,
la autoridad un servicio liberador,
la misión es un Pentecostés,
la litugia es memorial y anticipo,
el actuar humano, es deificado"

(Metropolitano Ortodoxo Ignacio de Lattaquié)


miércoles 13 de mayo de 2009

Pequeño comics sobre Pentecostés para niños



Imágenes de los dones del Espíritu Santo


Album con imágenes de los Dones del Espíritu Santo... Espero que les ayude en la celebración de Pentecostés.


Imágenes de luz, velas, fuego


Colección de imágenes con temas de luz, fuego, lamparas, velas, etc...


22 imágenes de Pentecostés


Se han agregado 22 nuevas imágenes al album de Pentecostés.



La Fiesta de Pentecostés


Origen de la fiesta

Los judíos celebraban una fiesta para dar gracias por las cosechas, 50 días después de la pascua. De ahí viene el nombre de Pentecostés. Luego, el sentido de la celebración cambió por el dar gracias por la Ley entregada a Moisés. En esta fiesta recordaban el día en que Moisés subió al Monte Sinaí y recibió las tablas de la Ley y le enseñó al pueblo de Israel lo que Dios quería de ellos. Celebraban así, la alianza del Antiguo Testamento que el pueblo estableció con Dios: ellos se comprometieron a vivir según sus mandamientos y Dios se comprometió a estar con ellos siempre. La gente venía de muchos lugares al Templo de Jerusalén, a celebrar la fiesta de Pentecostés. En el marco de esta fiesta judía es donde surge nuestra fiesta cristiana de Pentecostés.


La Promesa del Espíritu Santo

Durante la Última Cena, Jesús les promete a sus apóstoles: “Mi Padre os dará otro Abogado, que estará con vosotros para siempre: el espíritu de Verdad” (San Juan 14, 16-17). Más adelante les dice: “Les he dicho estas cosas mientras estoy con ustedes; pero el Abogado, El Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, ése les enseñará todo y traerá a la memoria todo lo que yo les he dicho.” (San Juan 14, 25-26). Al terminar la cena, les vuelve a hacer la misma promesa: “Les conviene que yo me vaya, pues al irme vendrá el Abogado,... muchas cosas tengo todavía que decirles, pero no se las diré ahora. Cuando venga Aquél, el Espíritu de Verdad, os guiará hasta la verdad completa,... y os comunicará las cosas que están por venir” (San Juan 16, 7-14). En el calendario del Año Litúrgico, después de la fiesta de la Ascensión, a los cincuenta días de la Resurrección de Jesús, celebramos la fiesta de Pentecostés.


Explicación de la fiesta:
Después de la Ascensión de Jesús, se encontraban reunidos los apóstoles con la Madre de Jesús. Era el día de la fiesta de Pentecostés. Tenían miedo de salir a predicar. Repentinamente, se escuchó un fuerte viento y pequeñas lenguas de fuego se posaron sobre cada uno de ellos. Quedaron llenos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas desconocidas. En esos días, había muchos extranjeros y visitantes en Jerusalén, que venían de todas partes del mundo a celebrar la fiesta de Pentecostés judía. Cada uno oía hablar a los apóstoles en su propio idioma y entendían a la perfección lo que ellos hablaban. Todos ellos, desde ese día, ya no tuvieron miedo y salieron a predicar a todo el mundo las enseñanzas de Jesús. El Espíritu Santo les dio fuerzas para la gran misión que tenían que cumplir: Llevar la palabra de Jesús a todas las naciones, y bautizar a todos los hombres en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es este día cuando comenzó a existir la Iglesia como tal.

¿Quién es el Espíritu Santo?
El Espíritu Santo es Dios, es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia nos enseña que el Espíritu Santo es el amor que existe entre el Padre y el Hijo. Este amor es tan grande y tan perfecto que forma una tercera persona. El Espíritu Santo llena nuestras almas en el Bautismo y después, de manera perfecta, en la Confirmación. Con el amor divino de Dios dentro de nosotros, somos capaces de amar a Dios y al prójimo. El Espíritu Santo nos ayuda a cumplir nuestro compromiso de vida con Jesús.


Señales del Espíritu Santo:
El viento, el fuego, la paloma. Estos símbolos nos revelan los poderes que el Espíritu Santo nos da: El viento es una fuerza invisible pero real. Así es el Espíritu Santo. El fuego es un elemento que limpia. Por ejemplo, se prende fuego al terreno para quitarle las malas hierbas y poder sembrar buenas semillas. En los laboratorios médicos para purificar a los instrumentos se les prende fuego. El Espíritu Santo es una fuerza invisible y poderosa que habita en nosotros y nos purifica de nuestro egoísmo para dejar paso al amor.


Nombres del Espíritu Santo.
El Espíritu Santo ha recibido varios nombres a lo largo del nuevo Testamento: el Espíritu de verdad, el Abogado, el Paráclito, el Consolador, el Santificador.


Misión del Espíritu Santo:

El Espíritu Santo es santificador: Para que el Espíritu Santo logre cumplir con su función, necesitamos entregarnos totalmente a Él y dejarnos conducir dócilmente por sus inspiraciones para que pueda perfeccionarnos y crecer todos los días en la santidad.

El Espíritu Santo mora en nosotros: En San Juan 14, 16, encontramos la siguiente frase: “Yo rogaré al Padre y les dará otro abogado que estará con ustedes para siempre”. También, en I Corintios 3. 16 dice: “¿No saben que son templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en ustedes?”. Es por esta razón que debemos respetar nuestro cuerpo y nuestra alma. Está en nosotros para obrar porque es “dador de vida” y es el amor. Esta aceptación está condicionada a nuestra aceptación y libre colaboración. Si nos entregamos a su acción amorosa y santificadora, hará maravillas en nosotros.

El Espíritu Santo ora en nosotros: Necesitamos de un gran silencio interior y de una profunda pobreza espiritual para pedir que ore en nosotros el Espíritu Santo. Dejar que Dios ore en nosotros siendo dóciles al Espíritu. Dios interviene para bien de los que le aman.
El Espíritu Santo nos lleva a la verdad plena, nos fortalece para que podamos ser testigos del Señor, nos muestra la maravillosa riqueza del mensaje cristiano, nos llena de amor, de paz, de gozo, de fe y de creciente esperanza.

El Espíritu Santo y la Iglesia:
Desde la fundación de la Iglesia el día de Pentecostés, el Espíritu Santo es quien la construye, anima y santifica, le da vida y unidad y la enriquece con sus dones. El Espíritu Santo sigue trabajando en la Iglesia de muchas maneras distintas, inspirando, motivando e impulsando a los cristianos, en forma individual o como Iglesia entera, al proclamar la Buena Nueva de Jesús. Por ejemplo, puede inspirar al Papa a dar un mensaje importante a la humanidad; inspirar al obispo de una diócesis para promover un apostolado; etc. El Espíritu Santo asiste especialmente al representante de Cristo en la Tierra, el Papa, para que guíe rectamente a la Iglesia y cumpla su labor de pastor del rebaño de Jesucristo. El Espíritu Santo construye, santifica y da vida y unidad a la Iglesia. El Espíritu Santo tiene el poder de animarnos y santificarnos y lograr en nosotros actos que, por nosotros, no realizaríamos. Esto lo hace a través de sus siete dones.


Los siete dones del Espíritu Santo:
Estos dones son regalos de Dios y sólo con nuestro esfuerzo no podemos hacer que crezcan o se desarrollen. Necesitan de la acción directa del Espíritu Santo para poder actuar con ellos.

SABIDURÍA: Nos permite entender, experimentar y saborear las cosas divinas, para poder juzgarlas rectamente.

ENTENDIMIENTO: Por él, nuestra inteligencia se hace apta para entender intuitivamente las verdades reveladas y las naturales de acuerdo al fin sobrenatural que tienen. Nos ayuda a entender el por qué de las cosas que nos manda Dios.

CIENCIA: Hace capaz a nuestra inteligencia de juzgar rectamente las cosas creadas de acuerdo con su fin sobrenatural. Nos ayuda a pensar bien y a entender con fe las cosas del mundo.

CONSEJO: Permite que el alma intuya rectamente lo que debe de hacer en una circunstancia determinada. Nos ayuda a ser buenos consejeros de los demás, guiándolos por el camino del bien.

FORTALEZA: Fortalece al alma para practicar toda clase de virtudes heroicas con invencible confianza en superar los mayores peligros o dificultades que puedan surgir. Nos ayuda a no caer en las tentaciones que nos ponga el demonio.

PIEDAD: Es un regalo que le da Dios al alma para ayudarle a amar a Dios como Padre y a los hombres como hermanos, ayudándolos y respetándolos.

TEMOR DE DIOS: Le da al alma la docilidad para apartarse del pecado por temor a disgustar a Dios que es su supremo bien. Nos ayuda a respetar a Dios, a darle su lugar como la persona más importante y buena del mundo, a nunca decir nada contra Él.

Oración al Espíritu Santo
Ven Espíritu Santo,
llena los corazones de tus fieles y enciende
en ellos el fuego de tu amor;
envía Señor tu Espíritu Creador y se renovará la faz de la tierra.
OH Dios, que quisiste ilustrar los corazones de tus fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos que, guiados por este mismo Espíritu, obremos rectamente y gocemos de tu consuelo.
Por Jesucristo, nuestro Señor Amén.